ELN revive figura de Camilo Torres a 60 años de su muerte
Escrito por Diego Andrés Marínez Polanía - 01/24/2026
El presunto hallazgo de los restos de Camilo Torres, divulgado por el ELN sin evidencias, abrió un debate sobre la estrategia política y mediática de esa guerrilla.

Casi seis décadas después de la muerte en combate del sacerdote Camilo Torres Restrepo, el Ejército de Liberación Nacional (ELN) aseguró haber encontrado sus restos, un anuncio que llega en pleno año electoral y en medio de llamados del presidente Gustavo Petro para que esa guerrilla “reflexione” y retome la senda de un eventual diálogo de paz.
Torres cayó abatido el 15 de febrero de 1966 en el corregimiento de El Carmen, zona rural de San Vicente de Chucurí, Santander, tras un enfrentamiento entre una patrulla de la Quinta Brigada del Ejército y un pequeño grupo de guerrilleros de las entonces llamadas Fuerzas de Liberación Nacional. Llevaba apenas cuatro meses vinculado a la organización armada y, según los registros de la época, portaba una carabina calibre .30 el día de su muerte.
El comunicado del ELN, divulgado este viernes, no aporta evidencias forenses ni detalles verificables sobre el supuesto hallazgo. La coincidencia temporal —a un año de elecciones y en la antesala de los 60 años de la muerte del sacerdote— ha despertado cuestionamientos entre historiadores y analistas sobre el verdadero propósito del anuncio.
Un símbolo en disputa
Para el historiador Isidro Vanegas, investigador de la Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia (UPTC), el mensaje del ELN busca legitimidad política y protagonismo mediático mediante la instrumentalización de una figura histórica. “Es sospechosamente oportuno el encuentro de esos restos. Hay un afán claro de ‘reencaucharse’ en el escenario público”, señaló.
Vanegas, doctor en historia de la Universidad de la Sorbona, sostiene que el grupo intenta ligar su identidad actual a la de Camilo Torres para construir una representación conveniente de sí mismo. En ese relato, dice, se refuerza una imagen del sacerdote como “apóstol de la paz”, pese a que tomó las armas por decisión propia, abandonó proyectos políticos legales como el Frente Unido y murió en combate. Registros noticiosos de 1966 indican que, antes de ser abatidos, el grupo al que pertenecía Torres dio muerte a cuatro militares.
El historiador recuerda, además, que el ELN fue fundado por jóvenes que recibieron instrucción militar en Cuba a comienzos de los años sesenta, liderados por Fabio Vásquez Castaño y sus hermanos Manuel y Antonio. Para cuando la guerrilla ya ejecutaba acciones armadas en Santander, como la toma de Simacota, Camilo Torres seguía siendo un líder político legal, profesor universitario y capellán.
Escepticismo y cálculo político
El periodista e investigador Walter J. Broderick, autor de Camilo, el cura guerrillero, reaccionó con escepticismo al anuncio. “¿Cómo que lo encontraron? ¿Tropezaron con el cuerpo o cómo fue?”, cuestionó en declaraciones radiales.
Desde un enfoque estratégico, el politólogo Gerson Arias, investigador asociado de la Fundación Ideas para la Paz (FIP), considera que el anuncio no es casual. “Está sincronizado con varios factores políticos, simbólicos y operativos”, explicó. Uno de ellos es el calendario conmemorativo de los 60 años de la muerte de Torres; otro, la estructura del propio ELN, cuyo Frente de Guerra Urbano Nacional lleva el nombre de “Comandante en Jefe Camilo Torres Restrepo” y tiene presencia en al menos once ciudades.
Arias advierte que la conmemoración podría articularse con una estrategia de intensificación de acciones urbanas durante este año, como señal de cohesión interna y capacidad operativa. En ese contexto se enmarcan hechos recientes de violencia, entre ellos el ataque con drones y explosivos a una base militar en Aguachica, Cesar, que dejó al menos siete muertos y 31 heridos.
El análisis también apunta al contexto político y geopolítico. Según Arias, el ELN busca reforzar un relato de justificación ideológica de la lucha armada, apoyado en la frustración por la falta de avances en diálogos con el Gobierno, acontecimientos regionales como tensiones internacionales y la decisión de preservar su capacidad militar. Actualmente, estima, el grupo cuenta con entre 6.000 y 7.000 combatientes, además de redes de milicias.
Mientras el Gobierno insiste en llamados simbólicos y políticos a la reflexión —como la exhibición de la sotana de Camilo Torres en la Casa de Nariño—, el anuncio del ELN reabre un debate histórico y estratégico: el uso del pasado como herramienta de legitimación en un presente marcado por la violencia y la incertidumbre sobre el rumbo de la paz.

